La hidratación es uno de los pilares básicos del cuidado de la piel. Mantener los niveles óptimos de hidratación es básico para que la piel esté sana y bonita, y realice correctamente todas sus funciones, especialmente en sus capas más externas, pues cuando está deshidratada, la epidermis (la capa más externa de las tres que componen la estructura de la piel) y especialmente la capa córnea (que es, a su vez, la capa más externa de la epidermis, que sirve como barrera para protegerla de las agresiones externas), acusan la falta de agua, haciendo que la piel se sienta incómoda, se muestre tirante y rugosa, apagada y falta de luminosidad, elasticidad y suavidad, e, incluso, que llegue a descamarse y aparezcan arrugas de deshidratación. La sensación de disconfort (siempre que no haya ninguna patología) es uno de los signos inequívocos de una piel deshidratada.
 
Entre los motivos que favorecen la deshidratación de la piel podemos tener en cuenta factores externos como pueden ser los medioambientales (entre ellos, los niveles de humedad, las temperaturas extremas, la exposición al viento y a las radiaciones solares), así como la alimentación, la toma de ciertos medicamentos o el uso de cosméticos inadecuados. Por otra parte, a medida que envejecemos, la piel pierde su capacidad para mantener los niveles correctos de hidratación, así como para producir ácido hialurónico, una de las moléculas más importantes para su bienestar, entre cuyas funciones destaca la de captar y retener el agua.
 
Es importante conocer la diferencia entre una piel seca y una piel deshidratada, pues no son lo mismo: en el caso de la piel deshidratada, hablamos de pieles que pierden agua (o no son capaces de retenerla) de una forma excesiva; mientras que las pieles secas son aquellas que tienen menor cantidad de lípidos (y por este motivo, también pierden agua).
 
A tener en cuenta: la deshidratación es uno de los principales motivos del envejecimiento prematuro. Por eso, la hidratación es imprescindible a todas las edades y para todos los tipos de piel. Eso sí, habrá que adaptarla a las características de cada cutis, aportando, por ejemplo, en el caso de las pieles grasas, ingredientes que hidraten sin aportar grasa.
 
Tratamientos para aportar hidratación
 

- A nivel cosmético: productos hidratantes (faciales y corporales).


- A nivel estético: tratamientos en cabina a base de activos hidratantes.


-A nivel médico estético:


Mesoterapia facial con activos hidratantes como el ácido hialurónico, las vitaminas, la coenzima q10, los aminoácidos...
PRP (o plasma rico en plaquetas) y PRGF (o plasma rico en factores de crecimiento)
Peeling
Ácido hialurónico
LED
Inductores de colágeno
Radiofrecuencia
Redensificación
Bioplastia

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