Muy utilizadas en campos como la fisioterapia o la medicina deportiva, las ondas de choque tienen una aplicación relativamente reciente en medicina estética. Se trata de ondas acústicas que alcanzan un pico de presión muy alto en muy poco tiempo, y al tiempo que se propagan por los tejidos, van generando distintos efectos: por un lado, inducen la formación de factores de crecimiento, que activa la regeneración de la piel, así como la síntesis de colágeno y elastina (y por ello, se utilizan para tratar los signos de envejecimiento y la flacidez, así como las estrías, las marcas de acné y las cicatrices). Por otro, estimulan la formación de nuevos vasos sanguíneos, lo que mejora la microcirculación de la zona en la que se aplican. Además, hacen que la membrana celular sea más permeable, lo que ayuda, entre otros aspectos, a que las células de grasa liberen la grasa acumulada (por eso es un tratamiento muy eficaz para eliminar la celulitis y la grasa localizada, así como para reducir la grasa corporal. Por otra parte, estimulan el sistema linfático, lo que ayuda a eliminar toxinas y retención de líquidos.

Aunque no es un tratamiento doloroso, sí puede resultar molesto, según el nivel de tolerancia de cada paciente. Tras la sesión pueden sentirse ciertas molestias similares a las agujetas, así como pequeños hematomas que remiten a los pocos días.

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